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TERMOTERAPIA

TERMOTERAPIA:

Las irradiaciones térmicas, presentadas en sus modalidades más variadas ya son conocidas desde hace tiempo como una medida terapéutica adoptadas en la medicina interna, ginecología, balneología y ortopedia, pero también en otras profesiones que tienen como objeto los tratamientos curativos. Así pues, se usan desde principios de siglo, bajo unas condiciones más o menos clínicas, en el tratamiento de enfermedades crónicas y también, en parte, inflamatorias y degenerativas de las articulaciones. Desde hace algunos años se aprovecha el efecto de un sobrecalentamiento local incluso en la terapia de tumores.

La idea de utilizar el sobrecalentamiento local, sea en la forma que sea, para una reducción del peso, no es ninguna novedad. Con motivo de la comprobación de las funciones metabólicas de personas obesas, las cuales estaban sometidas a unas temperaturas superiores a las normales, empezaron a oírse voces que suponían que, bajo el efecto térmico, aumentaba la acción del metabolismo basal y con ello se producía un mayor gasto de energía, lo que debía tener como consecuencia una reducción del peso.
En los tiempos más recientes la terapia térmica local encuentra, un campo de aplicación cada vez mayor en el tratamiento de la obesidad y de la celulitis. También en los medios de difusión se discute actualmente día a día sobre esta terapia.
Debe ser, por lo tanto, objeto de este estudio, demostrar la efectividad de este tratamiento. Sin embargo, en primer lugar quisiéramos ofrecer una panorámica de la bibliografía que existe actualmente sobre esta indicación.
Debemos adelantar en términos generales que la terapia del calor, siempre que se aplique en el marco de una sensación de bienestar subjetivo, no ofrece ningún peligro y no se esperan efectos secundarios de ella.
En cuanto a los orígenes de la obesidad, existe la opinión generalizada de que ésta, es el resultado de un trastorno del metabolismo energético. Se ha podido demostrar que el organismo del obeso no es capaz de gastar completamente la energía suministrada, por ejemplo, por los alimentos, y que no es capaz de transformarla en calor, que podría ser radiado. Aparentemente esto se debe, entre otras razones, a que la actividad de las enzimas en las mitocondrias de las células grasas se halla rebajada, con lo que no se forma suficiente trifosfato de adenosina (ATP), necesario para la oxidación de los ácidos grasos, es decir, para la lipósis.
Adicionalmente, el tejido adiposo subcutáneo, crece desproporcionadamente con el aumento de peso, mientras que su riesgo sanguíneo apenas se incrementa. Por ello, es de suponer, que para la terapia de estos trastornos, será necesario que estas células participen en mayor medida en el metabolismo general a través de un incremento del riego sanguíneo y, por otra parte, se active más el propio metabolismo celular.
Es posible mediante la aplicación de terapia de calor profundo, en la que coinciden varios mecanismos:
1- Mediante el suministro de energía térmica, genera un aumento del sistema simpaticostono. La consecuencia de ello es una expulsión de la noradrenalina por una activación de los receptores beta. Ello, a su vez, provoca en las células de grasa una liberación de los ácidos grasos procedentes del entorno de las mitocondrias; se inicia la lipólisis. Debido al calor de reacción que se produce durante este proceso se llega a un aumento adicional de la actividad metabólica del tejido adiposo; por regla general, ello supone un 12% por grado de elevación de la temperatura. Este efecto es superior en los obesos que en las personas con un peso normal.
2- Mediante un calentamiento local, generado por la termoterapia, se llega a través de los llamados termoreceptores internos a una emisión de calor centralizada, dirigida por el hipotálamo, es decir, a un aumento del consumo de energía.
3- Mediante el calentamiento de la piel y del tejido adiposo que existe debajo de la misma se consigue un riego sanguíneo 31/2 veces mayor que el normal. Por una parte esto se produce por el estímulo térmico directo y, por la otra, a través de la liberación de sustancias que actúan sobre los vasos sanguíneos como, por ejemplo, la bradiquinina. Ésto origina una apertura de las células de cortocircuito arteriovenosas que normalmente están cerradas, es decir, de hecho a una ampliación del cauce circulatorio vascular. Estas sustancias son tan potentes, que ni siquiera llega a hacerse efectiva una posible constricción simpático-vascular.
4 – Tanto por experimentos realizados con animales, como con personas, se ha podido demostrar, que mediante la vasodilatación originada por el suministro de calor profundo y con el mayor riego sanguíneo generado, es posible una mayor remoción de las grasas, puesto que se puede aumentar la oferta de albúminas de remoción mediante ese mayor caudal. Este efecto se pudo probar, entre otras cosas, a través de la demostrada proliferación de ácidos grasos no esterificados en el suero de enfermos diabéticos
Una vez determinado el tipo de celulitis de la paciente, hay que examinarla atentamente para buscar la naturaleza de la misma, y aplicar el tratamiento más efectivo.

admin | Técnicas de masajes | Miércoles, 28 agosto 2013
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