Aprenda a calmar al bebe
Acaricie su pancita.
Muchos bebés lloran porque tragaron aire por demás, lo cual les provoca un tremendo dolor. Si la técnica de “provechito ” -apoyarlo sobre el pecho y golpetear suavemente su espaldita- no parece suficiente, entonces colóquelo boca abajo sobre sus rodillas, de modo que al apoyar la panza sobre ellas haga una suave presión; y haga un masaje sobre su espalda. Esto lo ayudará a eliminar los gases.
Báñelo en agua tibia.
Ya que provienen de un medio acuático, como es el útero materno, los bebés sienten placer al estar en el agua. Además el baño ayudará a bajar un poco la temperatura corporal, ayudando a que el bebé se relaje aún más. Si también le causa placer pueden tomar el baño juntos, madre e hijo, un modo extra de fortalecer el vínculo entre ambos.
Llévelo al rincón.
Pero no para castigarlo, sino porque los bebés suelen buscar instintivamente la paz y el refugio que ofrecen las esquinas de su cuna. Por eso cuando éste llore, envuélvalo en una sábana y colóquelo en la cuna en posición de costado sobre su lado derecho y con la cabeza y la espalda tocando los barrotes. También puede acostarse usted en su cama y poner al bebé a su lado contra su cuerpo.
No lo sobrestimule.
A veces lo único que desea un bebé cuando llora es que no lo “bombardeen ” con estímulos como gestos, voces o caricias y solamente sea estar tranquilo. Si no funciona ninguna de las estrategias para calmarlo, tal vez esto sea lo que le ocurre a su bebé. Déjelo solo en su cuna con las luces bajas y en silencio. Seguramente seguirá llorando cuando usted abandone la habitación pero a los cinco minutos se calmará. Si sigue llorando más de ese tiempo, entonces levántelo y pruebe con otros métodos.
Que succione el dedo o el chupete. La succión es un reflejo instintivo de los bebés que resulta sumamente tranquilizante. Además del tradicional chupete, ellos tienden a chuparse el dedo para satisfacer esta pulsión y no hay nada de malo en este hábito. Sin embargo, algunos pediatras recomiendan insistir con el chupete, ya que es un hábito más fácil de manejar para los padres y pueden decidir cuándo quitarlo si el hábito se arraigó demasiado. Estimular a los chicos que se chupen su propio pulgar puede tener la desventaja de que no hay forma de controlarlo. Para saber si la succión significa que el bebé tiene hambre esté atento: si son varias succiones seguidas de una pausa, entonces lo que el hijo necesita es el pecho. Si, en cambio realiza movimientos constantes y rítmicos con la boca, está usando la succión para calmarse a sí mismo.
Póngalo mirando hacia una puerta. Los recién nacidos a veces se calman simplemente mirando lijo cosas como el marco de una puerta o una ventana. Ellos prefieren las formas sencillas pues no están acostumbrados a la tarea de “ver”, y las imágenes complejas de todos los días los perturban. Los bebés menores de dos meses necesitan un ambiente de formas simples para sentirse seguros.
Que lo alce la tía.
En ocasiones las madres, y sobre todo las que lo son por primera vez, están demasiado ansiosas, agitadas o nerviosas por los compromisos y misterios que implica la tarea de atender a su hijo. El problema es que es fácil transmitir esta ansiedad al bebé y terminar provocando su llanto, en lugar de calmarlo. En esos momentos, una persona que se encuentre segura y relajada podrá alzar al bebé y calmarlo con mayor facilidad. Recuerde que los pequeños son extremadamente sensibles al lenguaje corporal.
Que oiga los ruidos de la casa. Se trata simplemente de todos los sonidos cotidianos de la casa. Se sabe que que provocan la calma o el interés del bebe. Puede ser el ruido lejano de la aspiradora o el de una ca-jita de música. Este método suele ser muy efectivo, pero el problema es que el bebé enseguida se acostumbra, por eso es mejor no usarlo en exceso, pues podría producirse que sólo se relaje si oye el ruido de una aspiradora.














