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Dieta para golosas

PRIMEROS:
Ensalada de tomate y queso fresco con albahaca y vinagreta de miel.
Melón con jamón (2 lonchas finas).
Crema de calabacín y puerro.
Ensalada de endibias con 4 nueces y 40 g de queso fresco.
Crema de calabaza con 1 quesito desnatado.
Ensalada de arroz integral con berros, zanahoria, manzana y 40 g de queso fresco.
Ensalada de maíz y espinacas.
Verduras a la plancha (berenjena, calabacín, pimiento rojo, espárragos).
Gazpacho de tomate y sandía.
Ensalada de pasta (60 g) con tomate y albahaca.
SEGUNDOS:
Espaguetis (60 g) con almejas y una picada con ajo, perejil, sal y 1 cucharadita de aceite.
Mejillones al vapor con 1 cucharadita de aceite, sal, pimienta y limón.
Pechuga de pavo (100 g) a la plancha.
Arroz con conejo y verduras.
Rape en salsa de almendras.
Solomillo de buey a la plancha con verduras.
Carpaccio de ternera (100 g) con parmesano (20 g) y unas gotas de vinagre de Módena.
Bacalao con cebolla caramelizada.
Atún al horno.
Calamares salteados con espinacas.
POSTRES:
Yogur desnatado con 1 cucharada de mermelada light.
1 naranja cortada en gajos con 1 cucharada de miel y canela.
1 manzana al horno.
40 g de queso fresco con 1 cucharada de miel o de mermelada light.
Fresas con zumo de naranja natural.
Té verde o de sabores y 2 galletas integrales.
2 ciruelas.
Licuado de naranja y zanahoria con 1 cucharadita de miel.
5 dátiles o higos secos.
Batido de fresa (100 g de fresas y 1 yogur natural desnatado).
Puedes combinar los distintos primeros, segundos y postres como prefieras.

admin | Cocinar sano,dieta embarazadas,Hacer dieta | Miércoles, 25 agosto 2010
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Trucos de cocina caseros

TRUCOS DE EXPERTO COCINERO.
La sal realza el sabor de los alimentos, por lo que eliminarla o reducirla al cocinar puede restar sabor a nuestros guisos. Para que esto no suceda:
Cocina sin sal (o con una cantidad mínima) y añade una pizca al servir el plato. De esta forma la sal impregna el paladar y no se nota que los alimentos se han cocinado sin ella.
• Utiliza hierbas aromáticas para realzar el sabor de los alimentos. En los caldos base, por ejemplo, puedes añadir clavos de olor, granos de pimienta y laurel; en los estofados, hojas de laurel, tomillo y ajedrea, etc.
• El limón es un gran potenciador del sabor. Aliñar una ensalada o marinar el pescado o el pollo antes de cocinarlo en zumo de limón hacen que casi no sea necesario añadir sal.
• El ajo, fresco o en polvo, así como la cebolla, también aportan mucho sabor. La típica picada de ajo y perejil puede suplir la sal en las cocciones de carne o pescado.
• Los aceites aromatizados -al ajo, al romero, etc- permiten aliñar sin añadir sal.
• El yogur también es de gran ayuda en las dietas bajas en sodio, por ejemplo, para macerar los alimentos antes de cocerlos.

admin | cocina,Cocinar sano | Martes, 24 agosto 2010
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Cocinar sin sal

Un huevo contiene unos 122 miligramos de sal y al cocinarlo le añadimos más cantidad. El resultado es que consumimos el doble de los seis miligramos de sal diarios que recomienda la OMS.
La sal aporta minerales imprescindibles para el organismo como el sodio, el potasio, el calcio, el fósforo, el hierro o el yodo. Contribuye a la prevención de enfermedades como el bocio, mejora la digestión, mantiene el nivel de líquidos en el cuerpo, etc. Pero todos estos beneficios se convierten en perjuicios cuando se consume más cantidad de sal de la necesaria, que, según la Organización Mundial de la Salud (oms) es de unos 6 miligramos diarios, aunque esta cifra varía de un individuo a otro.
La sal está formada en un 40% por sodio y una elevada cantidad de sodio en el organismo provoca retención de líquidos. Esta retención obliga a que el corazón, el hígado y los ríñones tengan que trabajar más para tratar de eliminarlos. El resultado de este proceso, con el tiempo, pueden ser problemas como hipertensión, trastornos cardiovasculares o enfermedades hepáticas y renales. Por ello es tan importante controlar la cantidad de sal que se consume diariamente.
Abusar de la sal no conlleva problemas de salud inmediatos, sino que va minando el organismo poco a poco hasta desembocar en un trastorno más serio. Aunque al principio es difícil comer sin o con poca sal como requieren las dietas pobres en sodio, con el tiempo, el paladar se acostumbra a los nuevos sabores, menos salados, y los guisos dejan de parecemos sosos y poco apetecibles. Es sólo cuestión de mentalizarse, poner un poco de voluntad y utilizar algunos de los trucos de cocina que os contamos a continuación.

admin | cocina,Cocinar sano | Lunes, 23 agosto 2010
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