
LA MATERNIDAD DESPUÉS DE LOS 35 AÑOS
Lo que hasta no hace mucho era una decisión que provocaba el chisme, ahora es una tendencia mundial. Por distintas razones, las mujeres aplazamos el momento de quedar
embarazadas o volvemos a empezar con hijos ya grandes. Aquí, las preguntas, los miedos y las dudas más comunes.
Lo que hasta hace unos años hubiera significado casi una deshonra, es hoy una realidad insoslayable: por motivos económicos, carreras profesionales y laborales que se priorizan o bien asuntos netamente amorosos se corrió la decisión de ser madre a la franja de más de 35 años.. Por supuesto, esto también es posible porque tener un hijo a los 40, 50 y hasta más de 60, como algunos ejemplos europeos, es también muy diferente en la actualidad a lo que sucedía hace una década.
Los avances científicos, los controles médicos minuciosos y la posibilidad de recurrir a la fecundación asistida o a bancos de espermas y óvulos marcaron un antes y un después en estas cuestiones.
Antes de dar el sí muchas parejas quieren esperar el momento adecuado para tener un hijo, en medio de una situación material, profesional y afectiva perfectas. Sin embargo, en cualquier instante, esas variables pueden modificarse y, por suerte, los bebés crecen y se desarrollan aún en situaciones “imperfectas“. Con esto queremos aclarar que ni usted ni sus circunstancias tienen que ser perfectas. Algunas mujeres siempre han querido ser madres, mientras que otras tienen sentimientos ambiguos al respecto. También es natural que las que hayan llegado a los treinta y los cuarenta y hayan construido un presente satisfactorio y enriquecedor sientan algo de incertidumbre ante la perspectiva de convertirse en mamas. El embarazo como primera etapa y la maternidad, representan cambios importantes en el estilo de vida y las costumbres no sólo de las mujeres, sino también de las parejas. Habrá que cuidar al bebé todo el día, lo que significará una pérdida importante de libertad y espontaneidad, algo no siempre fácil de asumir si se ha gozado de total independencia hasta este momento.
Tener una perspectiva clara y realista sobre este nuevo rol a desempeñar es fundamental para que el futuro no depare grandes e inesperadas sorpresas. Esas publicidades con mamas sonrientes todo el tiempo que cuidan con seguridad a bebés rozagantes y también felices no tienen en cuenta la otra cara de la historia: noches de insomnio, bebés que lloran y sentimientos de frustración por no saber qué les pasa. Los pequeños son exigentes e imprevisibles. No pueden expresar sus necesidades y esto hará que la mamá se sienta perdida y muchas veces fuera de control, aún con su pareja. Más allá de todo, los bebés no sólo nos dan vuelta el mundo sino que también demuestran la inmensa capacidad que tienen para nutrir una vida. Nos devuelven su amor haciéndonos sentir las personas más especiales del planeta. Esto es lo que convierte a la maternidad en el mejor trabajo que existe, aún en los peores momentos. Una gran sonrisa nos hace olvidar el agotamiento y todo lo que dejamos de lado para cuidarlos y atenderlos.
NUESTRA REALIDAD
Elegir en qué momento de la vida las mujeres nos convertimos en madres puede ser meditado para algunas y “accidental” para otras. Es que así como se repite en muchos otros ámbitos, en nuestro país conviven dos argentinas paralelas.
Por un lado,están las mujeres que se inician en las relaciones sexuales instintivamente.en forma totalmente natural. Se trata casi siempre de chicas.Existe un grupo importante sin demasiados conocimientos sobre cómo cuidarse para no quedar embarazadas si todavía no lo desean. Por eso, comienzan estrenando el título de mamas casi siendo adolescentes, entre pupitres y guardapolvos. Para otras, la realidad es muy diferente.Profesionales,exitosas,adictas quizás al trabajo,deciden cuándo y con quién quieren tener su primer bebé. Pero, ¿qué pasa con sus trabajos? Sus jefes,¿les “perdonarán” fácilmente el que comiencen a cumplir sus horarios a rajatabla para cuidar del nuevo integrante de la familia?
Esta suerte de doble discurso, sostenido a veces con presiones y castigos, hace que muchas mujeres perciban la cuestión como en caminos opuestos.Algo así como maternidad vs. trabajo fuera de casa.
Claro que esto no es así en otros lugares del planeta,como en Suecia,país en el que no sólo se otorga una licencia de seis meses por maternidad.sino que se puede optar si es el padre o la madre quien decide pasar esos primeros tiempos con el hijo recién llegado.
Porque, convengamos, los tres meses de licencia (repartidos previo al parto y posterior al nacimiento) que nuestras leyes laborales determinan resultan más que insuficientes. Por suerte, la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.dio media sanción hace un tiempo a un proyecto de ley para extender ese período a siete meses. Aunque todavía no es una realidad,el que se discuta sobre el tema es un adelanto importante que todas las madres, especialmente las que trabajamos fuera de casa, sabremos agradecer.
Primerizas y reincidentes
Las historias diferentes vuelven también diferentes las realidades. No es lo mismo una mujer que se convierte en madre con más de 40 años por primera vez que quien ya ha tenido hijos. Así como tampoco será igual la vida para quienes deciden hacerse cargo solas de la crianza de un bebé.
Para todas aquellas que tienen pareja, es importante intentar crear un equipo de paternidad. En general, los hombres temen que el amor de su pareja se centre por completo en el bebé una vez que este nazca. Por eso, el embarazo es un período de preparación también en este aspecto que permitirá dejar en claro que mantener esta relación de a dos es la clave para iniciar una familia, sobre todo si llevan muchos años solos.
Cuando hay hijos previos y si son chicos, necesitarán más cariño y amor que nunca, para no sentir que el hermano en camino ocupará su lugar. Involucrarlos en decisiones que tienen que ver con la compra de elementos para el bebé, contarles cómo será la vida cuando llegue el nuevo integrante y convertirlos en “cuidadores perceptivos” les dará seguridad y alejará fantasmas. En el caso de los adolescentes, es probable que la primera reacción sea de rechazo y hasta vergüenza (el embarazo implica la vida sexual activa de sus padres) como así también de temor por tener que asumir el rol de cuidar al pequeño pero, conversando y prestándoles la atención que ellos necesitan, se adaptarán a la nueva realidad a su debido momento.
Un bebé en la agenda
Aún si el embarazo les permite disfrutar de una salud excelente, las mamas que trabajan fuera de sus casas deberán replantearse ciertos aspectos que tienen que ver con estas ocupaciones. Desacelerar el ritmo de trabajo sobre todo en el primer y el tercer trimestre es decisivo para que el embarazo sea lo más placentero posible. El cansancio, sobre todo en la primera etapa, impedirá desarrollar extenuantes jornadas que hasta ese momento pasaban inadvertidas. Por eso, es bueno reducir, o al menos intentarlo, la cantidad de horas de trabajo. Además, a medida que el embarazo progrese, necesitará tiempo extra para consultas y controles médicos que se volverán más frecuentes. Entonces, conviene prepararse para disminuir el ritmo laboral aunque sin tener que abandonar su carrera profesional. Al contrario, los nueve meses de espera debería invertirlos también en prepararse para el reto que implicará equilibrar estas dos partes de su vida, sin que choquen las prioridades.