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Las citas secretas

Las citas secretas

En general, en los primeros años de la adolescencia los chicos prefieren salir en grupos. Es más, casi siempre las chicas salen con las chicas y los varones con sus pares. Ello es porque de este modo, aunque hablen todo el tiempo del sexo opuesto y de las fantasías, prefieren tener la libertad de hablar sin restricciones en su propio lenguaje y aún inventar aventuras que no pueden ser desmentidas.
Eso, hasta que la parejita se desprende del grupo para estar a solas. Esto se da alrededor de los 14 o 15 años en las clases medias y un poco antes en las de menos recursos.
Si bien estas relaciones suelen ser transitorias hay algo que los adultos no deben hacer y es minimizarlas. Tampoco corresponde que no se entienda el dolor del adolescente cuando se produce una ruptura. En general, el chico que está demasiado apegado a sus padres, suele desarrollar un tipo de relación intensa y posesiva y si del otro lado, su pareja concluye la relación, el adolescente necesitará todo el apoyo y la contención de la familia para recuperar la confianza en sí mismo.
Pero siempre hay que recordar que esa franja de la vida del adolescente busca la mayor intimidad y que los padres no deben invadirla. De ese modo, todo lo que lograrán es que el chico se sienta respetado y seguro.

admin | Familia | Miércoles, 12 diciembre 2007

CUANDO LES CUESTA APRENDER, EL TIEMPO ES CLAVE

APRENDER,

Causan angustia, desazón y parece que no tienen solución posible. Sin embargo, queremos compartir con usted una serie de señales de alerta y recomendaciones que un grupo de profesionales nos brindó para observar a nuestros hijos con ojo clínico. Del diagnóstico precoz de estas dificultades, dependerá el desarrollo escolar de los pequeños.
El calendario mostró su hoja del mes de marzo, sonó el timbre de la primera hora y los chicos comenzaron las clases. Planchar los guardapolvos, armar las cartucheras y las mochilas y ponerle etiquetas a los cuadernos ya son tareas que quedaron atrás. Ahora, sí, empezó la acción. Mientras que para muchos padres, el inicio de las jomadas escolares es una suerte de alivio porque sus hijos vuelven a estar contenidos -y ocupados- después de los meses de vacaciones, para otros, comienzan los problemas.
Con diferentes matices y niveles de profundidad y complejidad que van variando según cada caso, las dificultades en el aprendizaje se presentan como una realidad cada vez más habitual entre los pequeños que pasan del preescolar a primer grado.
En general, son el indicio inicial de que algo le está pasando al chico, a la familia o a su entorno. Por eso, es importante consultar a tiempo para que los profesionales logren desentrañar cuál es, en verdad, la raíz del problema
En tanto la etapa del jardín de infantes está marcada por las actividades lúdicas, es decir, basadas en el juego como mctor de intercambio, la escolaridad, sus programas y las exigencias relacionadas, obligan a comprometer otro tipo de “dedicación”.
¿Es posible detectar en forma precoz si los chicos podrán tener problemas de aprendizaje? ¿Existen parámetros de comportamiento, por ejemplo, que nos señalen que algo no está bien con nuestros hijos antes de que la escolaridad se vuelva más compleja? ¿Cuáles serían los elementos clave a tener en cuenta?
Para poder analizar de cerca este tema y conectar nuestras antenas como padres, los especialistas consideran de vital importancia la observación de lo que llaman “marcadores”.
Por eso y desde un punto de vista biológico, lo que precede al proceso de la lectoescritura es el lenguaje. Los chicos comienzan a relacionarse con el mundo que los rodea a través de las palabras y, esa manera por la que incorporan el habla, permitirá predecir el modo en que se relacionarán con el proceso siguiente. Entonces, es probable que las mismas dificultades que se presenten en ese periodo inicial, de alguna manera se repetirán en el segundo. En la etapa comprendida entre los dos y los cuatro años, las actividades lúdicas son las que permitirán realizar esta evaluación previa de los pequeños. Cómo aprenden a relacionarse con otros niños; de qué manera juegan, hacen más complejo ese juego y cómo lo comparten con sus pares y la forma en que se concentran en determinadosele mentos son señales de atención. También es importante ver qué relación tienen con los objetos pensando en las cantidades. Un adecuado conteo, por ejemplo, permitirá evaluar cómo se manejarán, luego dentro del mundo de las matemáticas. Que puedan contar pelotas o cas sin saltearse ninguna, significará que relacionan el número objeto.
El aprendizaje de la geometría en tanto, encontrara su punto de partida según la manera en que los pe queños manejen tos espacios al jugar y en cómo logren coordinar sus  movimientos dentro de esos espacios. Esto es lo que se llama motricidad fina y motricidad gruesa. Es probable que un niño extremadamente torpe al jugar(motricidad gruesa) tenga luego, problemas al escribir (motricidad fina).
En el área social, en tanto, las habilidades de los más chicos se demostrarán según se relacionen con los otros pequeños. Un chico que juega, que comparte y busca situaciones para jugar no es lo mismo que otro que pasa de la euforia a la tristeza muy rápidamente. En estos casos, se dan alteraciones en los estados de ánimo y suelen tener problemas en el lenguaje (tanto para hablarlo como para entenderlo).
El valor de los afectos
En nuestro medio, afirman los profesionales, muchos trastornos en el aprendizaje de los chicos están íntimamente relacionados con factores psicosociales y psicoculturales.
Aquí, nuevamente, el problema se conecta con las falencias afectivas y, además, con la falta de estimulación hacia el pequeño en las diferentes etapas de la vida. Algunos estudios realizados sobre el tema han confirmado que, aunque se trate de pequeños que provengan de hogares con serias dificultades económicas y a veces mal alimentados, si la oferta pedagógica es gratificante, adecuada y progresiva, estos chicos aprenden igual que los pequeños provenientes de hogares de clase media. La conclusión es que, para que un chico aprenda, tiene que tener un buen estado de ánimo.
Los trastornos
Según los parámetros de los especialistas, los trastornos que marcan el fracaso escolar se determinan cuando aparecen:
Dislexia, problemas en la lectura (inversiones, sustituciones, separaciones o uniones inadecuadas de palabras, sintaxis incorrecta en la construcción de las frases y dificultad para comprender textos).
•  Disgrafia, trastorno en la producción gráfica, es decir, en la escritura. Está muy relacionada a la dislexia en cuanto a los errores y puede estar unida, o no, a la discaligrafía o mala construcción del patrón motor de las letras.
Discalculia, complicaciones en el cálculo matemático.
Aunque ya fuera de estos patrones, también existe lo que los profesionales han coincidido en definir como trastornos motores no verbales. Se trata de pequeños que hablan bien y pueden mantener un diálogo correcto, pero que tienen muchas dificultades para escribir y para comprender textos. En general son casos que llegan tarde a la consulta: recién en tercer o cuarto grad, cuando las tareas se hacen más complejas, comienzan a tener serios problemas.

El aprendizaje es un proceso de crecimiento puesto que es la disponibilidad que el individuo tiene para incorporar cosas nuevas. Esto significa complejizar los mecanismos de resolución de diferentes situaciones de la vida diaria. La forma en que un chico se relaciona con otro, el modo en que pide un deseo o muestra lo que sabe, serán mecanismos que se harán cada vez más complejos y que marcarán su crecimiento y maduración.
Los chicos aprenden a aprender. Muchos pequeños, en verdad, no tienen problemas de aprendizaje, la realidad es que nunca estuvieron expuestos a situaciones de aprendizaje.
A medida que se van organizando y estructurando, los niños consideran al aprendizaje un modo de vida. De ahí que la estimulación y la oferta sean factores decisivos, especialmente en los primeros años de vida.
Sin embargo y cuando presentan problemas biológicos y funcionales, ese proceso se vuelve algo fantasmagórico. Por eso, prefieren evadirlo y terminan teniendo problemas de conducta, no logran relacionarse con sus pares y entran en el grupo de los chicos con problemas de atención cuando, efectivamente, no esa la raíz del asunto.

El pediatra es la clave
Ante a aparición o la sospecha de que algunas de estas complicaciones están ensombreciendo las posibilidades de aprendizaje de los chicos, el primer paso es consultar al pediatra.
Conociendo al pequeño y a su familia y su entorno, será este profesional el primero en detectar el problema y en determinar los pasos a seguir. También será quien descarte otras complicaciones que puedan estar causando el atraso como, por ejemplo, una anemia o algún trastorno motor, visual o auditivo.
Superado este paso y habiendo descartado esas posibilidades, sí llegará el turno de la consulta con la psicopedagoga. En una segunda línea, puede suceder que el caso se derive a un neurólogo para que evalúe el cuadro. Pero, como se aclaró al principio, el primer filtro debe pasar por el diagnóstico del pediatra.

Desatentos e hiperactivos
Bajo la sigla TDAH, el Trastorno de Atención e Hiperactividad puede encerrar, en un 30 por ciento de los pequeños que lo padecen, problemas en el aprendizaje asociados. En este caso, se trata de un trastorno específico que se da, según explican los especialistas, en la “matriz atencional”. Por un lado, les cuesta mantener la atención durante un período de tiempo prolongado y, por el otro, no pueden inhibir los movimientos. No se trata de chicos que simplemente no atienden, sino que no prestan atención porque tampoco pueden dejar de moverse.
Se lo define como un trastorno biológico. El 30 por ciento de estos pequeños tienen TDAH puro, es decir que tienen to de atención con o sin inquietud. El 70 por ciento restante, están combinados con problemas psiquiátricos (ansiedad asociada, conductas desafiantes, trastornos de los estados de ánimo, impulsividad) y, cuando llegan a púberes sin el tratamiento adecuado pueden tener complicaciones sociales (alcoholismo, dro-gadicción, violencia). Este tipo de enfermedad requiere de un diagnóstico muy específico e interdisciplinario, con intervención del pediatra, el neurólogo, la psicopedagoga, la fonoaudióloga, el psiquiatra y la maestra.

El TDAH, a diferencia de los otros trastornos de aprendizaje mencionados que no se tratan con medicamentos, requiere de drogas psicoestimulantes. La medicación, aunque suele despertar polémicas, es necesaria y da excelentes resultados. La clave, en este punto, es un correcto diagnóstico clínico de la enfermedad realizado por el grupo de profesionales.
La violencia se aprende
“La agresividad y la violencia llegaron a la escuela”, describen con brutalidad los titulares de los diarios y de los informativos. Es que, las situaciones de conflicto, muchas veces contenidas, generan explosiones en los ambientes menos esperados. La educación, lamentablemente, no escapa a esta realidad.
Según describen los especialistas, son muy pocos los casos en los que la violencia es inherente a la personalidad del individuo. El concepto de que las personas pueden ser genéticamente violentas, no es real.
Por el contrario, la violencia es aprendida y los chicos incorporan esa agresividad en función de los escenarios agresivos en los que se mueven.
Es de esperar que el niño violento que reproduce en la escuela esos códigos de violencia, va a tener problemas en el aprendizaje porque, lamentablemente, la situación placentera que representa el incorporar nuevas cosas, no va a estar presente en él. Sin embargo, también suele ocurrir que los pequeños que viven en este tipo de ambientes, se encierren en sí mismos, como una manera de defensa. La agresividad, a veces, funciona como un secreto compartido en el seno familiar. Esto conlleva, tristemente, problemas para aprender.

admin | Familia | Jueves, 06 diciembre 2007
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La dosis justa de humor

humor

Cuando la situación se toma tensa, ¿usted es de las que hacen chistes? Aunque no lo crea es de muy sabios apelar al humor para soltar presiones acumuladas y para facilitar el retorno al diálogo, cuando por alguna razón se ha roto. En la pareja, el humor es una de las herramientas más exitosas para que una relación dure y sea placentera. Por supuesto que no estamos hablando del humor a costa de la otra persona, sino de aquellas frases y bromas que siempre se agradecen, que presentan la mirada opuesta y hacen ver lo ridículo del planteo o pelea o ponen de manifiesto a qué punto de rigidez han llegado las cosas en una discusión. El humor, sin embargo, no debería usarse en aquellas situaciones donde nuestra pareja está profundamente disgustada o herida. Si lo que hay que hacer es pedir perdón, no lo hagamos con chistes, sino con sincerid y humildad.
Aquí el humor haría parecer que no estam hablando en serio, esto es que no querem pedir perdón sino que el otro” afloje”. Un buen momento para usar el humor durante los encuentros íntimos, ya que sitúa a la pareja en complicidad.

admin | Familia | Domingo, 02 diciembre 2007
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Cómo cambian sus emociones

Cómo cambian sus emociones

La inteligencia emocional comprende todas las habilidades y factores que alimentan el carácter de una persona y le permiten dar sentido a sus sentimientos personales e interpersonales, así como interactuar socialmente. Los bebés nacen con una sola emoción, agitación relacionada con un estado de molestia o inquietud, y con la capacidad básica para expresar sentimientos en situaciones sociales. Por eso, sus gestos sorprenden a medida que crece.
Desde su nacimiento al mes: el bebé nace con inclinaciones sociales que le permiten reaccionar y responder a emociones. Es capaz de señalar sus necesidades a sus padres de manera que puedan entender y responder, y puede demostrar satisfacción cuando es complacido. Su inclinación natural a responder a la voz humana y mirar el rostro humano también es signo de su empatia innata hacia otras personas.
1 a 3 meses: a medida que el bebé está más acostumbrado al mundo, sus reacciones emocionales se hacen más sofisticadas. Desarrolla mayor capacidad para expresar emociones determinadas. La aparición de la sonrisa es indicativa de una nueva emoción adquirida por el bebé: la emoción de alegría.
3 a 6 meses: a medida que el bebé se desarrolla, aumenta la interacción con su entorno. Aprende a entablar un diálogo con sus seres cercanos y le intriga saber cómo sus acciones producen reacciones. Sentimientos de alegría, enojo, disgusto, tristeza y sorpresa dominan ahora su mundo. Comienza a desarrollar un lazo de confianza con sus padres.
 6 a 9 meses: se intensifican los vínculos del bebé con sus padres y se desarrolla el temor hacia los extraños. Al mismo tiempo, comienza a hacerse más independiente, comprendiendo que es una entidad separada de sus padres.
9 a 12 meses: a final del primer año, el bebé se siente seguro y confiado con sus padres, les pide ayuda en momentos de angustia y se siente más seguro para intentar cosas nuevas en su presencia. Estas relaciones formarán la base de su bagaje emocional de por vida. El bebé cuenta ahora con un conjunto de habilidades sociales muy sofisticadas. Comienza a entender las emociones de otras personas y reacciona a ellas como corresponde.

admin | Familia | Sábado, 01 diciembre 2007
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La nueva pareja y los hijos

pareja y los hijos

Una vez que se atraviesa el duelo de una separación, muchas mujeres descubren que vuelven a una situación que habían creído superada: la posibilidad de conocer hombres y formar una nueva pareja. Cuando la mujer tiene hijos es complicado lograr una buena aceptación de ambos lados y esto hace que se cuestione si debe seguir adelante con esta relación o terminarla. Ante todo hay que tener en cuenta la situación en que se encuentra, porque puede ser divorciada o viuda; la edad de los hijos y la relación que tiene con el padre de ellos.
No se extrañe si sus hijos pequeños se oponen a su novio, porque es común que tengan miedo a perder la atención de su mamá o a que ella los deje de lado por la nueva pareja. Sumado a esto, el enojo de los chicos aumenta si su padre también muestra desaprobación por su nueva pareja.
Cuándo y cómo presentarlos

Para tomar la decisión de que sus chicos conozcan a su novio, piense si la relación es verdaderamente estable y está en un buen momento. Los cambios afectan bastante a los chicos, sobre todo si son muy pequeños, por eso hay que evitarles las noticias bomba si no tienen demasiado sentido. No obstante, puede ocurrir que ellos lo conozcan y luego la relación no prospere, ya que nadie tiene la certeza de cómo va a terminar una historia de amor. Lo único importante es que la madre no presente a todos sus pretendientes. Una vez que la relación esté estabilizada puede presentarlo primero como un amigo para que pue dan conocerlo con más naturalidad y después contarles que son novios.
Charle con su él para que sepa que va a tener que tolerar algunos síntomas de rechazo, para que no lo tomen desprevenido y pueda manejarse con paciencia. La mejor receta para que las aguas se calmen es que hable con sus hijos para dejarles en claro que nadie va a ocupar el lugar de su padre, pero que ahora usted está en pareja con otra persona. También es importante que los niños tengan libertad para “nombrar” al novio de la mamá corno les parezca. Como en otras situaciones, el tiempo ayuda a que todo se normalice.

admin | Familia | Jueves, 01 noviembre 2007
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