
Consejos para gatitos.
Como en el perro, el destete se produce a los 45 días de vida. Si el cachorro pierde antes de ese tiempo a la madre, ya sea porque ésta lo abandonó o falleció, debemos alimentarlo con una mamadera de leche, huevo y crema -esto porque la leche de gata es mucho más concentrada que la de perra o de vaca-, a razón de unos tres centímetros cada dos horas.
A partir de los 45 días se le puede dar leche de vaca común y alimento balanceado para cachorros. El gato demora entre 15 y 20 días en acostumbrarse a comerlo, por lo que primero debemos suministrárselo en forma de papilla.
-Se recomienda alimentar al gato cuatro veces al día. El menú debe incluir proteínas, grasas (representa el 60 por ciento de sus requerimientos y le proporciona brillo al pelaje, textura a la piel y grandes reservas energéticas), hidratos de carbono, vitaminas A y D y calcio. Todos estos nutrientes se hallan en los alimentos balanceados, pero si prefiere una alimentación natura recuerde que un cachorro de gato puede comer:
• Todo tipo de carnes (vaca, oveja, cerdo, pollo, pescado). Debe servirse cocida a la plancha, al horno o asada -nunca frita, hervida o cruda- y con la grasa. Al pollo se le deben sacar los huesos y al pescado las espinas y las escamas. La carne cruda puede transmitir la toxoplasmo-sis, una enfermedad que, desde el gato, es contagiosa a los seres humanos. Nunca debe dársele bofe (es el pulmón de la vaca y no lo alimenta), hígado (proporciona un exceso de vitamina A que puede derivar en una artrosis de columna) y corazón (cuyo valor nutricional es inferior a la carne, pero una vez que se acostumbra a comerlo no acepta otro alimento).
• Frutas y verduras (aunque es raro que se acostumbre).
• Un huevo duro por semana (lo que no quiere decir que haya que dárselo en un día).
• Aceitunas verdes, por su alto tenor graso, una vez a la semana.
• Una cucharadita de levadura de cerveza por semana (es fuente de vitamina Bl).
• Sal en las comidas.
• Huesos vacunos.
• Productos lácteos y derivados: leche (si no produce diarrea), yogur, dulce de leche, manteca y quesos no picantes.
• Arroz, polenta y fideos, sin salsas. -Si se opta por la alimentación natural,
suplementariamente hay que suministrarle calcio al cachorro en forma de polvo, jarabe o inyecciones durante el primer año de vida. Si le falta este mineral corre el riesgo de sufrir fisuras o fracturas al arrojarse de la cama o de una silla.
-El gato tiene muchos menos inconvenientes que el perro y, en tal sentido, requiere menos cuidados. A partir de los 45 días debemos enseñarle a hacer sus necesidades en una bandeja sanitaria, rellena con unas piedritas especiales que absorben las excreciones, colocada en el lavadero, la cocina o el baño. -Los gatos imponen muy rápido -’ los límites, es decir cuándo quieren que los acaricien y cuándo no. Normalmente, a diferencia del perro, el gato suele dormir las dos terceras partes del día (unas 16 horas). Eso se debe a que tienen un instinto cazador y necesitan estar bien despiertos.
-En cuanto a la higiene, bañar a un gato puede costarle algún rasguño o mordedura a quien no sepa cómo hacerlo. No es que le disguste el agua; sólo quiere que no se la arrojen bruscamente. Una manera práctica es tomar al cachorro de la nuca, llevarlo a una fuente o piletón (por ejemplo la de la cocina), colocar las patas traseras en el interior del recipiente y las delanteras en el borde. No hay que usar jabón de tocador, ni champú de humano o de perro -son muy sensibles a los fosforados-, sino uno para gato. Pero los gatos son muy limpios y se lavan solos, por lo que no hay que abusar de los baños.
-Es conveniente que el cachorro tome un poco de sol y en lo posible, para evitar accidentes, en sitios no muy altos. No obstante, cuanto mayor es la altura de la que se precipita menor es el riesgo de que se lastime, porque se preparara mejor para el aterrizaje. No es recomendable sacarlo a la calle porque es muy asustadizo y puede correr numerosos riesgos, como treparse a un árbol y luego no saber bajar o atraer a un perro.
-El mejor indicador de la salud de un gato es su conducta: si se detecta pérdida de apetito o un marcado descenso de sus niveles de actividad, es conveniente consultar a un veterinario.