
Son exquisitas, frescas y fáciles de combinar. Pero, además, depuran, contribuyen a combatir colesterol y sobrepeso y rejuvenecen. Por eso, llegó el momento de sumarlas a la mesa saludable.
El mar es la mayor reserva de agua mineral de la Tierra y las algas consideradas los primeros organismos vivos aparecidos en el planeta, absorben y concentran de él muchas de sus propiedades. Estas verduras marinas pertenecientes al grupo de las Talófitas liberan casi el 72% del oxígeno que respiramos. Existen alrededor de 25.000 especies ,desde microscópicasc hasta gigantes, cuya coloración, verde, parda, roja o azul, varía de acuerdo con la profundidad y el grado de penetración del espectro solar en el agua. También hay algas calcáreas -que son semifósiles-, ricas en calcio, magnesio y oligoelementos; y de agua dulce, como la Spirulina, que sin ser marinas ofrecen sus propios beneficios. Aunque en general se consumen secas, lo ideal es recogerlas dentro del mar porque, igual que el resto de las verduras, sean de mar o de tierra,
Las algas deben recogerse vivas de su propio medio. Las algas marinas contienen proteínas de fácil asimilación que, en promedio, representan el 25% de su peso en seco. Algunas especies -según la estación y lugar de crecimiento- más del 50%, en particular aminoácidos esenciales.
Además, no contienen colesterol, grasas saturadas, residuos de antibióticos, pesticidas ni hormonas de síntesis como ocurre con la carne. Asimismo, contienen carbohidratos bajos en calorías.
En períodos de crecimiento, convalecencia, embarazo, y durante dietas para adelgazar resultan un complemento ideal, por ser relativamente pobres en hidratos de carbono y azúcares.
Las hacen perfectamente apta para los diabéticos, especialmente gracias al manitol, estimulante laxante, que no aumenta la glucosa en la sangre.
Permiten combatir el estreñimiento porque la mayor parte de sus azúcarers son mucilaginosos, es decir, que aumentan con el agua pero no los asimila el organismo.
Pueden reducir la toxicidad de metales pesados tales como bario, cadmio y zinc, por la presencia de polisacáridos.