Relajarse el secreto de la larga vida
Una guía integral para relajar cuerpo, mente y emociones y liberarse de la esclavitud de las enfermedades y el dolor que genera el estrés. El lavarropa automático, el horno a m¡croondas, el cine en casa debieran ser la causa de tener más y mejor tiempo libre. Sin embargo, corremos sin parar detrás de lo que vendrá: un nuevo y mejor trabajo, el celular con el último chiche, la renovada problemática de los hijos. El mandato es hacer, controlar, tener y competir, una titánica tarea que impide detenerse, escuchar, observar y atenderse. Esta nueva carrera loca lleva directo al estrés, al vacío e insatisfacción. Por eso, todos estamos locos y al borde del abismo.
Frenar, relajarse y curarse es una decisión suya. Aquí tiene las herramientas con las que puede tener una vida mejor.
La mente desde hace casi diez años, todos saben que las hormonas del estrés, las que se producen cuando natural y sanamente reaccionamos ante un estímulo, invaden el organismo cuando se mantiene su producción, es decir, cuando no nos aflojamos.También ya sabemos que esas hormonas invasoras generan aumento del ritmo cardíaco y la presión arterial, aceleración de la respiración, células inmunológicas disparadas a lo loco y un circuito que estalla hacia la enfermedad por la vía que esté más débil. Si bien este círculo vicioso comienza en la mente, no significa que sólo atendiéndola a ella conseguiremos curarnos o mantener la buena salud. Un físico atrapado en la tensión muscular terminará haciendo que la mente siga dando órdenes equivocadas. Por eso, se trata de atender a la unidad mente-cuerpo-emociones.
Tranquilizar la mente no es dormirnos en el letargo de los psicofármacos, sino reeducarla para la salud. Esto significa: Bajar la velocidad de su producción de pensamientos porvia de la meditación. Desterrar los pensamientos basura para que salga a la superficie el inconciente que es el que tiene la llave de los conflictos.
Usar la visualización para cambiar conductas, establecer pautasyorganizaral cuerpo (o sea a la acción). Volver a conectar a la mente sana con el cuerpo enfermo para que lo modifique. Para conseguir este objetivo, hace falta escuchar a la mente, meterse en sus lugares más recónditos y no dejarla actuar a su voluntad, sino a la nuestra. Por ejemplo, mientras está lavando los platos, su mente le dispara las diez cosas para hacer en la próxima hora. Concentrarse en una imagen de relajación, respire hondo, piense algo positivo y, cuando termine con los platos, su mente estará lista para organizar la tarea que sigue sin excitación ni apuro.
El cuerpo
En todo el mundo, cada año, la empresas gastan fortunas y pierden productividad por dolores de espalda, cefaleas, contracturas y síndrome de túnel carpiano. Los consultorios se llenan por consultas sobre estos síntomas. Pero, lo que es peor, ¡ usted sufre! y se llena de aspirina. Hacía mitad de la década del 70, el doctor John Sarno (especialista norteamericano en rehabilitación clínica) ya había llegado a la conclusión de que la mayoría de los síndromes dolorosos de espalda, cuello y hombros que repercutían en brazos y piernas era el resultado de un proceso psicológico, es decir, un problema psicosomático. De allí en más, se lanzó a buscar la relación entre mente y otros cuadros dolorosos. Mucha gente tiende a asociar psicosomático con “problema inventado” cuando, en realidad, se trata de una dolencia surgida entre la psiquis y las emociones. Por eso, después de descartar tras los correspondientes estudios algún problema físico, el doctor Samo le decía a sus pacientes que su espalda estaba sana y que sus remedios mágicos para el dolor serían tomar conciencia de su conflicto, comprenderlo y obtener la correspondiente información para superarlo. Sarno bautizó a este problema como síndrome de miositis tensional (SMT), es decir como una alteración fisiológica de los músculos a consecuencia de la tensión nerviosa y desarrolló un programa terapéutico que incluye: Reconocer la base psicológica del dolor: por ejemplo, algunos pacientes, en cuanto sienten la primera punzada, comienzan a hablarse o grar y eso hace que el dolor no llegue. En síntesis, se trata de llegar a la ira o el descontrol que está produciendo el síntoma.
Meditar todos los días: para liberarse de los trastornos del pensamiento.
Prevención sí, aspirina no: usar la mente para liberarse del síntoma y no los químicos que sólo lo calman durante un rato. Psicoterapia: un buen lugar para curarse de los problemas físicos. Bajo la excusa de “no tengo nada, solo estoy nerviosa” muchas personas confunden términos y agravan su salud. Relajarse y vivir con calma siempre será un remedio milagroso, pero para estar sano, hay que descartar la enfermedad. Por lo tanto, además de hacer controles periódicos de presión arterial y chequeos médicos, debe consultar inmediatamente al médico sí:
■ Tiene síntomas desconocidos para usted.
■ Tiene síntomas que no disminuyen o se agravan pasados tres días.
■ Se modifica o agrava un síntoma que suele tener.
■ Nota modificaciones en su aroma corporal, heces, orina, aliento, etc.





