Probé la infusión quemagrasas del Mercadona y esto fue lo que realmente sentí

La vi en el estante, escondida entre tés de nombres exóticos y promesas vacías. No iba buscando milagros, solo algo que me hiciera sentir menos pesada… menos hinchada… menos cansada de mí misma. Fue una compra impulsiva, de esas que haces con más esperanza que certeza.

Pero días después, entre sorbos tibios y silencios frente al espejo, empecé a notar cosas. Pequeñas, casi invisibles. Como si el cuerpo agradeciera ese gesto tonto de cuidarlo. Y ahí entendí por qué tantas mujeres hablan de ella. Porque a veces no se trata de adelgazar, sino de empezar a volver a ti.

Índice
  1. ¿Qué lleva realmente la infusión quemagrasas del Mercadona?
  2. Opiniones sinceras: lo bueno, lo malo y lo inesperado
  3. ¿Realmente ayuda a adelgazar o solo deshincha?
  4. Cómo tomarla para sentir sus efectos (sin obsesionarse)
  5. ¿Merece la pena o es solo otra moda pasajera?

¿Qué lleva realmente la infusión quemagrasas del Mercadona?

Cuando decidí probarla, no fue por moda ni porque creyera en fórmulas mágicas. Fue más bien uno de esos días en los que te sientes pesada… no solo físicamente, sino en el ánimo. Me vi en el pasillo de infusiones del Mercadona, medio perdida, y me llamó la atención ese paquetito colorido que decía “quemagrasas”. Me pareció demasiado atrevido el nombre, para serte honesta. Pero algo me hizo agarrarlo. No fue una compra razonada. Fue instinto, o cansancio.

Al llegar a casa, lo primero que hice fue leer los ingredientes. No por obsesión, sino porque me gusta saber qué me estoy metiendo en el cuerpo. Y ahí estaban: alcachofa, cola de caballo, mate, té verde y ortosifón. Por cierto, aquí podrás ver mi reseña del ortosifón del Mercadona. Cinco plantas que no suenan exóticas ni prometen milagros, pero tienen historia. Mi historia.

La alcachofa, por ejemplo, la tengo asociada a mi infancia. Mi madre la hervía y me hacía tomar ese agua amarga como si fuera elixir divino. Decía que “limpiaba el hígado”, que “te deshinchaba”, que era buena para “la piel y el humor”. Nunca supe si era verdad o ritual, pero cada vez que leo “alcachofa” en algún producto, me viene su voz. Hay algo reconfortante en eso. Y sí, en esta infusión es uno de los ingredientes principales.

Después está la cola de caballo, que ya había probado cuando tenía veintipocos y me daba por hacer dietas absurdas con amigas. Recuerdo que la tomaba en cápsulas, y que lo único que hacía era ir al baño como si mi vejiga se hubiera despertado de golpe. No me hacía adelgazar, pero sí sentía que me deshinchaba. Literal. Lo notaba en la ropa, sobre todo en los vaqueros. Esa sensación de no estar “a punto de explotar” me daba cierto alivio.

El mate y el té verde vinieron después en mi vida, cuando empecé a buscar opciones menos cargadas de cafeína que el café. Ambas son plantas estimulantes, sí, pero no me ponen nerviosa. Al contrario. Me siento más despierta, pero sin ese temblor incómodo. Y aunque sé que el té verde tiene fama de acelerar el metabolismo, lo que yo noto más bien es que me ayuda a sentirme liviana. Como si ayudara a mi cuerpo a funcionar mejor. Como si dijera: “tranquila, yo me encargo de esto”.

Y por último, el ortosifón, al que tuve que buscar en Google porque jamás lo había oído. Resulta que también es diurético, pero más suave. Como una especie de “acompañante” que no te acelera ni te descompensa. Nada invasivo. No sé si será sugestión, pero cuando tomé esta infusión por varios días seguidos, me sentí más equilibrada. Sin bajones, sin correr al baño, sin nervios. Solo más ligera.

Esta infusión no tiene nada raro. Nada que te haga sospechar. Solo plantas con historia. Algunas populares, otras desconocidas, pero todas con esa intención de acompañar al cuerpo sin empujarlo a la fuerza. Y eso, al menos para mí, es importante. No quiero que algo “me obligue” a bajar de peso. Quiero algo que me escuche. Que me ayude a soltar lo que me sobra... sin perder lo que me sostiene.

Opiniones sinceras: lo bueno, lo malo y lo inesperado

Sé que hay cientos de opiniones por ahí, pero quiero contarte lo que viví yo, y lo que me han compartido mujeres cercanas. Porque esto no es solo tomar una infusión y esperar resultados mágicos. Es algo más profundo. Es cómo te hace sentir. Cómo te acompaña. O cómo te decepciona. Porque también puede pasar.

Lo bueno, para mí, fue que realmente noté un cambio en mi hinchazón. No es que bajara de peso como por arte de magia, pero después de unos días tomándola después de comer (y a veces también por la tarde), mi vientre se sentía menos inflado. No me dolía, no me sentía pesada. Incluso los gases –perdón la crudeza, pero es real– disminuyeron bastante.
También me gustó que no me alteró. Algunas infusiones con té verde o mate me ponen ansiosa. Esta no. Tiene el equilibrio justo. Me ayudó incluso con el tránsito intestinal, sin ser laxante ni agresiva. Lo sentí como un apoyo suave. Como si me dijera: “Estoy aquí, pero sin invadirte”.

Lo malo, en cambio, fue que el sabor no es precisamente delicioso. Es bebible, sí, pero tiene ese amargor de la alcachofa que me recuerda a medicina de abuela. No es infumable, pero tampoco da placer tomarla. A veces le agregaba una rodajita de limón o unas gotas de estevia para hacerlo más llevadero. Y algo más: si no tomas suficiente agua durante el día, puedes notar un poco de dolor de cabeza. No me pasó mucho, pero me ha pasado. Y leyendo en foros, le ha pasado a otras también.

Y lo inesperado… eso fue curioso. No esperaba que me ayudara tanto a volver a mi rutina saludable. Fue como un pequeño empujón emocional. Al tomarla cada día, me sentía en modo autocuidado. No sé si me entiendes, pero hay gestos que te reconectan con ti misma. Y esta infusión, sin ser mágica, me devolvió las ganas de moverme más, de comer mejor, de escucharme. Como si al tomarla, le dijera a mi cuerpo: “perdona por haberlo ignorado tanto tiempo”.

Hay opiniones para todos los gustos. Algunas mujeres juran que no les hizo nada. Otras dicen que les aceleró demasiado. Y otras, como yo, sentimos que nos dio justo lo que necesitábamos en ese momento. Ni más, ni menos.

Porque a veces no es cuestión de kilos. Es cuestión de soltar peso emocional. Y esta infusión, aunque suene a cliché, me ayudó a eso.

¿Realmente ayuda a adelgazar o solo deshincha?

La primera semana me ilusioné. No voy a mentir. Me miraba en el espejo cada mañana como esperando ver un cambio dramático. Una cintura más fina, una barriga más plana, un milagro. Pero no. No fue así.

Lo que sí pasó fue otra cosa: me deshinché. Y no fue inmediato, tampoco exagerado. Fue sutil, pero real. Mi ropa empezó a ajustarse mejor, dejé de sentir esa presión en el vientre después de comer, y algo más importante: la sensación de pesadez mental también se alivió. Como si el cuerpo y la cabeza se desinflaran al mismo tiempo. No sé si era físico o emocional, pero lo agradecí profundamente.

Con los días entendí que esta infusión no es una pócima para adelgazar. No va a eliminar grasa como si fuera una goma de borrar. Lo que hace, al menos en mi experiencia, es acompañar. Acompañarte mientras tú haces lo tuyo: moverte, comer mejor, descansar. Es un apoyo. Un empujoncito suave, sin presión, sin exigencias.

Lo curioso es que, al sentirme menos hinchada, me dieron más ganas de cuidarme. Me activé. Caminé más. Tomé más agua. Y al final, sí: terminé perdiendo algo de peso. Pero no fue por la infusión sola. Fue porque empecé a tratarme mejor. Y creo que ahí está su verdadero valor. No te transforma el cuerpo, pero puede ayudarte a transformar la actitud. Y eso, a veces, es mucho más potente.

Cómo tomarla para sentir sus efectos (sin obsesionarse)

Al principio la tomaba como quien espera magia. Un sobrecito después de cada comida, tres veces al día, como si fuera una receta de médico. Y claro, cuando no vi cambios inmediatos, me frustré. Porque así somos a veces: queremos resultados sin pausa, pero sin paciencia.

Con el tiempo entendí que menos es más. Y que tomarla como parte de un ritual –no como una obligación– cambiaba completamente la experiencia. Ahora la tomo una o dos veces al día, normalmente después de comer, cuando sé que me cuesta digerir. A veces también por la tarde, si siento el cuerpo pesado. Pero ya no la bebo con esa ansiedad de “tiene que funcionar ya”. La tomo como un gesto de cuidado. Y funciona mejor así.

Algo importante que descubrí: hay que tomar agua durante el día. Mucha. Porque esta infusión es diurética, y si no estás bien hidratada, puedes sentirte más cansada o con dolor de cabeza. Me pasó una vez y aprendí la lección. Ahora acompaño cada taza con un buen vaso de agua después, o al menos intento hacerlo.

También me di cuenta de que el descanso influye muchísimo. Si duermo mal o estoy estresada, no hay infusión que me salve. En cambio, cuando me cuido en otros aspectos –comer más limpio, moverme aunque sea un poco, dormir sin el móvil pegado a la cara–, la infusión se vuelve aliada. Potencia lo que ya estoy haciendo bien. Pero no hace el trabajo sola.

Y sobre todo: me prometí no obsesionarme nunca más. Ni con esto, ni con nada que tenga que ver con mi cuerpo. Porque obsesionarse mata el proceso. Y esta infusión, al final, me enseñó eso: que cuidar de una misma no debería doler, ni angustiar, ni generar culpa. Solo acompañar. Solo sostener. Como un té tibio en una tarde lenta.

¿Merece la pena o es solo otra moda pasajera?

Hay productos que se hacen virales por moda, por influencers, por marketing... y luego desaparecen tan rápido como llegaron. Pensé que esta infusión sería uno de esos. Una más. Otro intento fallido por sentirme menos hinchada, menos atrapada en mi propio cuerpo.

Pero no. No es una varita mágica. No borra kilos. No cambia tu vida entera. Lo que sí hace es acompañarte, que es algo que muchas veces subestimamos.

A mí me sirvió. No porque me transformara físicamente, sino porque me regaló algo que en ese momento necesitaba: una sensación de alivio. De pausa. De volver a habitarme sin tanto juicio. Me enseñó que una taza de infusión puede ser más que un líquido caliente: puede ser un pequeño acto de amor propio. Uno de esos que nadie ve, pero que se sienten.

¿Merece la pena? Para mí, sí. Siempre que la tomes con cabeza, con calma, sin obsesión. Siempre que entiendas que no sustituye el descanso, ni la comida real, ni el perdón a tu propio cuerpo. Y sobre todo, siempre que no esperes de ella más de lo que tú misma estás dispuesta a darte.

Si buscabas una moda que lo arregle todo, no es esto. Pero si querías un inicio suave, un empujón tierno... quizás aquí haya algo para ti.

Relacionado

Subir