Cuando tu novio te ama, pero no te escucha de verdad

Hay un tipo de soledad que duele más que estar sola. Es la que se siente cuando tu novio te ama, o al menos eso parece, pero no te escucha de verdad. Está ahí, te abraza, te escribe “buenos días”, te pregunta cómo te fue… y aun así, algo no encaja. Tú hablas, explicas, repites. Y sus ojos están, pero su atención no. Como si tus palabras rebotaran contra una pared invisible.

No es falta de amor. Y eso es lo más confuso. Porque si fuera desamor, sería más fácil. Aquí lo complicado es ese gris incómodo donde hay cariño, hay intención, pero no hay presencia real. Donde te sientes exagerada por necesitar más, por querer ser escuchada sin tener que justificar cada emoción.

Índice
  1. Cuando habla el cuerpo, pero él no lo oye
  2. Amar no es lo mismo que escuchar
  3. El desgaste silencioso de no sentirte escuchada
  4. Qué hacer cuando el amor no alcanza

Cuando habla el cuerpo, pero él no lo oye

Al principio intentas no darle importancia. Te dices que quizá está cansado, que todos tenemos días en los que no estamos finos para escuchar. Pero pasan las semanas y el patrón se repite. Tú cuentas algo que te dolió y él responde con una solución rápida, como si arreglar fuera lo mismo que escuchar. Y no. No lo es.

Tu cuerpo empieza a notarlo antes que tu cabeza. Ese nudo en el estómago cuando vas a contarle algo importante. Esa sensación de que tienes que resumir, editar, suavizar lo que sientes para que no se canse. Te vuelves pequeña sin darte cuenta, y eso cansa más que cualquier discusión.

Y aquí viene lo incómodo. Empiezas a ponerle nombre a cosas que no querías nombrar. A veces incluso haces bromas, etiquetas cariñosas, o buscas en internet frases que expliquen lo que vives, y te topas con cosas como apodos para novios tóxicos, no porque quieras llamar así al tuyo, sino porque necesitas entender dónde estás parada. Porque cuando no te escuchan, una parte de ti empieza a dudar de su propio lugar.

Amar no es lo mismo que escuchar

Hay hombres que aman desde lo que saben, no desde lo que el otro necesita. Te quieren a su manera, con sus códigos, con su lógica. El problema es cuando esa manera no incluye abrir espacio real para lo que tú sientes. Cuando escucharte se convierte en una molestia, en algo que “ya deberías haber superado”.

Escuchar no es asentir mientras miran el móvil. No es decir “ya pasó” o “no es para tanto”. Escuchar es quedarse, incluso cuando lo que dices incomoda. Es hacer silencio interno para que tu voz tenga lugar. Y eso no todo el mundo sabe hacerlo, aunque quiera.

Aquí es donde muchas nos perdemos. Porque nos enseñaron a agradecer el amor, a no pedir tanto, a no ser intensas. Entonces dudas. Te preguntas si estás exagerando, si deberías conformarte, si pedir ser escuchada es demasiado. Spoiler: no lo es.

El desgaste silencioso de no sentirte escuchada

No sentirte escuchada no explota de golpe. Se filtra. Se cuela en las conversaciones pequeñas, en las decisiones cotidianas, en la cama incluso. Empiezas a sentir que hablas sola, que tus palabras pesan más para ti que para él. Y eso duele en un lugar difícil de explicar.

Te vuelves más irritable, más sensible, o todo lo contrario, más callada. Porque ¿para qué hablar si no cambia nada? Y ahí es donde el amor empieza a resentirse. No por falta de cariño, sino por falta de conexión real.

Lo más triste es que muchas veces él no se da cuenta. Cree que todo está bien porque no hay peleas grandes. No ve que te estás apagando un poco. Que cada vez compartes menos. Que ya no cuentas lo que antes te emocionaba. Y cuando te pregunta qué pasa, no sabes ni por dónde empezar.

Qué hacer cuando el amor no alcanza

No todas las historias terminan igual, y no todas tienen que terminar mal. A veces, hablar desde otro lugar ayuda. No desde el reproche, sino desde la verdad. Decir: “No necesito que me soluciones, necesito que me escuches”. Suena simple, pero no lo es.

Otras veces, toca mirarse a una misma con honestidad. Preguntarte si puedes vivir así a largo plazo. Si este tipo de amor, aunque sea real, es suficiente para ti. No desde el drama, sino desde el autocuidado.

Y sí, duele aceptar que alguien puede amarte y aun así no saber estar para ti como necesitas. Pero también es liberador. Porque te devuelve la responsabilidad sobre tu bienestar. Te recuerda que mereces un amor donde no tengas que pedir permiso para sentir, ni traducir tus emociones para que sean válidas.

Amar es importante. Ser escuchada, también. Y no deberías tener que elegir entre una cosa y la otra.

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